Un suceso importante en la Historia de España sucedió en Ciudad Real en el siglo XII en 1195, tuvo lugar en el cerro de Alarcos, a orillas del río Guadiana a 8 km de Ciudad Real, en pleno verano español, una de las batallas más decisivas y cruentas de la Reconquista.
Durante la Baja Edad Media la zona de La Mancha, y en concreto la que hoy es hoy Provincia de Ciudad Real, se convierte en frontera entre la Andalucía musulmana y el Reino de Castilla. Es en este contexto es en el que se produce la Batalla de Alarcos.
Por su situación en el centro del camino entre Toledo y Córdoba, el cerro de Alarcos, fortificado con un castillo, se convierte en una posición geoestratégica. Que será disputada por ambos bandos.
Fue en mitad del camino, el 19 de julio de 1195, ambas fuerzas contendientes chocaron.
Vista del Campo de Batalla
En la madrugada del día 19 y tras esperar 1 día los refuerzos de sus aliados, la impaciencia y la imprudencia de Alfonso VIII, hizo que ordenase el ataque sin esperar a los reyes de Aragón, Navarra y León, que le hubiesen dado con sus tropas la superioridad numérica y posiblemente la victoria. Así tras un día esperando acampados en el cerro bajo sol abrasador de julio, con sus pesadas armaduras y cotas de malla; los castellanos tenían sed, y la comida escaseaba, ante el riesgo de enfermedades y bajas por el calor y temiendo que los musulmanes se reagrupasen, pues había sido engañando por Al-Mansur y pensaba que estos eran pocos y mal armados, ya que Almansur había escondido en cuevas en los cerros cercanos la gran parte de sus tropas. Ante esto, ordenó el ataque.

Al principio la caballería castellana al mando del señor de Vizcaya don Diego López de Haro, cargó cerro abajo contra la infantería musulmana, que estaba en el llano, destrozándola y casí aniquilándola, causando grandes perdidas a los musulmanes, pero estos, tras un movimiento de sus arqueros y una salida desde sus escondites en cuevas en los cerros de alrededor de Alarcos, de fuerzas musulmanas con las que no habían contado los castellanos, iniciaron un violento contraataque.

Tras rodear la caballería ligera musulmana a la caballería pesada castellana, en una maniobra de tenaza, según las crónicas, por completa sorpresa, las flechas de los arqueros turcos a caballo, causaron grandes estragos en la caballería castellana, pues estos con sus caballos armadas y cogidos entre el cerro y el rio, no podían literalmente moverse ni maniobrar y fueron, “cazados” y asaeteados, hasta que unos pocos pudieron retroceder y llegar al castillo ya muy tarde para reagruparse y contraatacar, pues los musulmanes habían rodeado tambien el campamento desde el cercano cerro a la derecha del de Alarcos y amenazaban con rodearlos totalmente y no dejar escapatoria hacia Toledo.
La lucha se prolongó desde el amanecer hasta el mediodía, en que los musulmanes lograron penetrar en el campamento castellano, hasta la tienda del rey castellano, que estuvo a punto de perecer en la contienda. El rey tuvo que huir al galope hacia Toledo, dejando al mando al señor de Vizcaya, Don Diego López de Haro, que se refugió con 5.000 de sus tropas en el castillo de Alarcos, para salvarse, tuvo que entregar rehenes a los almohades, además en la batalla fueron capturados 30.000 prisioneros que fueron liberados, además de permitir la retirada de las tropas castellanas.
Fue una gran derrota para los castellanos, sufriendo muchos muertos por una mala estrategia de Alfonso VIII y la sabia encerrona de los musulmanes.
Para los Calatravos su primera batalla fue una gran masacre, murió en el campo de batalla su Maestre y gran número de sus Caballeros que desde ese día y en homenaje cambiaron su Cruz Negra por una Cruz Roja, por la sangre derramada.
Los cadáveres de los castellanos y sus cáballos fueron arrojados por los vencedores a una fosa común a los pies de la muralla.

Además, tras la derrota de Alarcos los enfurecidos musulmanes mataron a los habitantes de la cercana aldea del Pozo de Don Gil, hoy Ciudad Real, y asaltaron y mataron a los supervivientes Calatravos de la batalla que se habían refugiado en su Fortaleza de Calatrava, quedando esta en poder musulman.
Esta derrota retrasó la Reconquista y se vio vengada con la victoria de la Batalla de las Navas de Tolosa en el año 1212.
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